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Sobre la ciudad de Vladivostok.

De: kirillfiliberto

Por allí, los barcos y las personas siempre están juntos.
En Vladivostok de una y otra forma, una de cada dos familias está ligada al mar. Cualquier día del año en alta mar hay no menos de cien mil personas. ¿Y cuántos son los que trabajan en el puerto, en las fábricas de reparación de barcos? En los años 60 en la sola plantilla de la Compañía Naviera del Extremo Oriente una de las más grandes del país había 50000 personas. Sus 260 naves surcaban todos los océanos del planeta.

Esta es la flota mercante. Pero también están los pescadores de Vladivostok, que también faltan mucho tiempo de sus casas y durante meces enteros faenan en el Pacífico. Estos pescadores capturan las dos quintas partes del pescado, centollas, balates y otras especies marinas que se obtienen en la URSS.

El mar también llamará a los que todavía estudian. La Escuela Superior de Ingeniería, que lleva el nombre del Almirante Nevelski, prepara capitanes y mecánicos; la Facultad de Biología de la Universidad del Extremo Oriente, ictiologos; la de Geografia, oceanólogos; la de Ciencias Jurídicas, especialistas en derecho internacional del mar; la de Orientalismo, especialistas en estudios de los paices de la zona del Pacífico.

Los jovenes de Vladivostok al terminar la escuela de enseñanza media escogían con mayor frecuencia de entre los 9 institutos que había en la ciudad, la escuela superior de ingenieros navales que ostentaba el nombre del Almirante ruso Nevelski. Esto significaba que al cabo de varios años la ciudad despediría a sus nuevos capitanes que se harían a la mar.

Hay que señalar que ultimamente el prestigio de los marineros fue desplazado un poco por los cientificos de Vladivistok. En aquel tiempo se inauguraron allí varios institutos del Centro Cientifico del Extremo Oriente adjunto a la Academia de Ciencias de la URSS y encabezado por el famoso geologo, Académico Nikolai Shilo, cuyo nombre gozaba de gran prestigio entre los sabios de muchos paices.

La población de Vladivostok crece. En los años treinta del siglo pasado tenía sólo cien mil habitantes. Ya en los años ochenta se hablaba en esta ciudad del próximo nacimiento de su ciudadano que completaría un millón de habitantes. La ciudad se preparaba para este acontecimiento. En las colinas boscosas serpenteaban las nuevas calles y se perfilaban las nuevas urbanizaciones. En el quinquenio pasado cien mil personas se mudaron a nuevos y modernos apartamentos. En el que acaba de empezar el número de apartamentos que se piensa construir es aún mayor. Aparecerán varias escuelas, una nueva clínica de maternidad en la cual es posible que venga al mundo el bebe que redondee el millón de habitantes de Vladivostok. Para él esta tierra rusa en la costa del Oceano Pacífico se hará tan extrañable, tan íntima como son para rusos el antiguo Campo de Kulikovo y el Volga, grandes símbolos de Rusia.

Lo mismo que las personas, cada ciudad tiene su nombre, su carácter e historia. La de Vladivostok fue a veces trágica, pero siempre notable. Desde aquel inolvidable junio de 1860, cuando en la bahía Cuerno de Oro ancló el primer barco ruso, la ciudad vivió mucho.
Justamente allí, donde a 9289 km. de Moscu, después de atravesar los Urales, estepas y la taiga, termina el ferrocarril transiberiano uniéndose al oceano, finalizó ignominiosamente la intervención militar extranjera desatada después de la Revolución de Octubre. Fue precisamente de los muelles de Vladivostok desde donde zarparon los barcos llevándose los últimos invasores japoneses. El 25 de octubre de 1922 el ejercito popular liberó a Vladivostok.

Hace cási 90 años que la ciudad propiamente dicha no conoce la guerra , pero aquellos que viven en esta tierra saben muy bien su precio.

Nos vayamos al malecón de la bahía Cuerno de Oro, es un lugar sagrado para Vladivostok. Sobre un monticulo se yergue un monumento a aquellos que nunca retornaran a estas costas. Flamea el fuego eterno sobre las losas de granito. En cada una de ellas está inscrito el nombre del barco, la fecha y lugar en que pereció.
En estas “páginas” de piedra aparecen talladas las listas de los marinos de la flota mercante caídos en la Segunda Guerra Mundial.
Nos imaginemos que estamos en Vladivostok el sábado de los años ochenta del siglo pasado.
...Hoy es sábado, día internacional de bodas. Cási cada cinco minutos llegan aquí caravanas nupciales.
Ramos de lilas, blancos atuendos de novia, rostros felices. La brisa del oceano parece juguetear con el velo de las recién casadas.

Justamente un día asi de cielo despejado y azul combatían y perecían, ahogándose en las aguas salinas, los abuelos de los novios y novias de hoy, cuando tenían también veinte abriles o quizás más.
Vladivostok guarda sagradamente el recuerdo de ellos.
Es simbolico que fuera precisamente en Vladivostok, donde en noviembre de 1974 Leonid Ilich Brézhnev se entrevistara con el Presidente de los EE. UU. Gerald Ford y se tomara la decisión de esforzarse por limitar los armamentos estratégicos nucleares. Aquellos días, el mundo entero buscaba a Vladivistok en los mapas, esperando las noticias desde estas cosas.

…Desde el malecón subimos a una montaña en funicular. Abajo se ven las onduladas calles y las olas marinas. Tras la ligera bruma océanica se vislumbraba la silueta de la isla Ruski. Todo lo que abarca la vista es horizonte sin frontera.

Fuente del Artículo: http://buscadordearticulos.com

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